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Comentarios publicados en el 1er. LP de TOTEM

Texto tomado de la contratapa del disco
Imagen escaneada por gentileza de Sergio "HzMan" Estefan

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El hecho de la formación de un grupo como TOTEM era fácilmente previsible para los uruguayos. Un país que acostumbró durante años proveer la escena internacional con excelentes músicos era capaz de lograr unir a un conjunto de ellos, sabiendo de antemano su capacidad de fácil conquista de todos los públicos. Entonces, simplemente. lo que tenía que suceder, sucedió.

Tal vez no todos ustedes conozcan la trayectoria personal de cada uno de los integrantes de TOTEM, pero también es cierto que para valorar al grupo esto no es necesario. Basta escucharlos. Si separamos auditivamente el sonido que producen, obtenemos la certeza de que se trata de grandes músicos. En cuanto al sonido de conjunto... logra, tal vez, la trilogía ideal: comunicación, creatividad y calidad. La calidad individual produce una notable calidad de grupo. En cuanto a la creatividad, los temas de TOTEM logran insertarse en la tónica de la década al unir la experiencia principalmente inglesa de los años sesenta, esquemas típicamente jazzísticos, y elementos rítmicos de origen africano. Este último detalle merece especial atención, pues con la presentación de la música de TOTEM a público internacional, se va a conocer por primera vez el candombe, ritmo folklórico uruguayo, y más concretamente, montevideano, cuyos orígenes se remontan a la época de la colonia y cuyas raíces están en el continente africano. Ritmo conquistador como pocos, el candombe se combina magníficamente en varias de las composiciones del grupo. Y si hablamos de comunicación... pues bien, señoras y señores, de la comunicación no se puede hablar. Simplemente produzcan el contacto humano-musical con TOTEM. La comunicación está aquí, y para quedarse.

Carlos Alberto Martins
(Billboard)


Para escuchar este álbum serán necesarias algunas condiciones: evitar cualquier tipo de prejuicio musical, separarse de los antecedentes de la "onda" momentánea y, sobre todo, desterrar de los oídos algunos reflejos condicionantes impuestos en el oyente a través de la utilización machacante de los medios de difusión.

Detrás de lo que algunos, seguramente, tildarán de simpleza en realidad habita la sencillez musical. Una sencillez que, se me ocurre, no es demasiado casual en Totem. Me inclino a pensar que es una positiva utilización de la experiencia en la búsqueda de una síntesis.

Los temas grabados para este long play no responden a una actitud de homogeneidad: diversas formas de cantar, utilización de algunos ritmos olvidados y, algunas veces, el sagaz uso humorístico de algunas pautas musicales de vanguardia.

Pero sin embargo Totem tiene coherencia secreta, que va más allá del perfecto entendimiento rítmico que existe en cada uno de sus integrantes. Pienso que es casi una actitud ideológica, subyacente y esencial que está presente en todos los temas, y que ellos canalizan auténticamente asumiendo un formidable antecedente telúrico de su tierra: el candombe.

Admitir la posibilidad de que el candombe pueda ser inteligentemente recreado con el aporte del jazz, el blues y el rock es quizás el único camino para comprender la música de Totem, uno de los pocos conjuntos de música moderna de América Latina que puede sentirse orgulloso de tener un sonido realmente propio.

Lo saludable de lo demostrado en este álbum —al menos en mi opinión— va más allá de una indudable pulcritud musical, creo que reside en esa gran salida (quizás la única) de transmitir autenticidad produciendo música emergida de una circunstancia histórica real, donde, inclusive, está presente el torrente cultural internacional agilizado por los satélites, la televisión y toda la electrónica.

Osvaldo Daniel Ripoll
(Pelo)